martes, 8 de marzo de 2011

Gobiernos y Huelgas

En todo conflicto huelgario el gobierno tiene todas las probabilidades de ganar. A pesar de lo que se cree, las huelgas generalmente son un fracaso y son ganadas por el gobierno. Invariablemente, aunque parezca que el gobierno haya cedido a las demandas de los huelguistas, la realidad es que los huelguista los que seden ante el gobierno. Ya que terminan negociando y en muy pocas veces obtienen la totalidad de lo que se buscaba.

A pesar que se crea lo contrario y se romanticen los momentos en que los huelguista han triunfado, el juego está arreglado en contra de los huelguistas. Por lo cual siempre han de perder. Ha sido sólo en los momentos en que la ‘totalidad’ de la población apoya la huelga o cuando personas completamente ineptas para administrar el gobierno están en posiciones de liderato, que algún movimiento huelgario ha funcionado.

El gobierno tiene posesión dos elementos que son claves para el desmantelamiento de un movimiento huelgario. Los cuales no tienen nada que ver con el inherente del poder del gobierno, ya sea por el control de mecanismo de gobierno o de coacción. El gobierno tiene abundancia de recursos y el lujo del tiempo.

En todo movimiento huelgario los participantes del mismo tienen recursos limitados. Cuando un trabajador deja de laborar este deja de devengar de su salario y los beneficios incidentales. Sin embargo los costos de vivir continúan. Las necesidades alimento y cobijo continúan, las deudas de acreedores continúan siendo cobradas. Así que un movimiento huelgario tendrá de vida lo que los ahorros u ayuda de un sindicato duren.

Mientras el gobierno continúa funcionando. El gobierno continua recolectando impuestos y los funcionarios siguen cumpliendo con las cotidianas responsabilidad.

Pero es el tiempo el que más contribuye a la victoria de un gobierno sobres los huelguistas. Ya que el tiempo es uno que hace que la huelga pierda fuerza. Porque mientras más tiempo pasa menos es la unidad y resistencia colectiva de los huelguistas.

Mientras más pase el tiempo el público, por un lado se desensibiliza de las noticas sobre las huelgas, y comienza a incomodarse de las actividades de los huelguistas. Los huelguistas menos comprometidos comienzan a dejar las líneas de piquete… y mientras menos personas se vean en la marchas entonces son más los que no se sentirán compelidos a continuar en la huelga.

Al pasar el tiempo los huelguistas consumen los recursos que tienen disponibles. Mientras menos recursos más será la desesperación que ha de nublar los juicios de los huelguistas. En este momento de desesperación la razón no impera. Y decisiones contraproducentes al movimiento huelgario son tomadas. Es aquí los lideres huelgarios están más dispuestos a negociar, a ceder en sus demandas

O en el peor de los casos recurrir a la violencia, de parte de los huelguistas hacia el gobierno. La frustración de ver que la vida continúa en las personas que están en gobierno se desemboca en violencia. Lo cual les hace perder credibilidad. Se les quita la fuerza moral de las convicciones de su movimiento. Una vez que huelguistas caen en la trampa de la violencia ya han perdido.

Así es que el gobierno gana… esperando.