“La piña está agria”, es la razón que un puertorriqueño me dio para justificar el robo. Pero no es el robo de comida porque se tenía hambre o de medicinas porque se estaba enfermo. Es el robo del lujo y el entretenimiento.
Cobijo. Nutrición. Salud. Paz. Libertad. Son una expectativa razonable para cualquier ser humano. Y es razonable esperar que una persona satisfaga esas expectativas por cualquier medio que sea necesario. Sin embargo el lujo y entretenimiento es únicamente un derecho para aquel que puede trabajar por los mismos.
Sin embargo el gabazo de puertorriqueños que queda en Puerto Rico no lo quiere entender así.
Puerto Rico se ha convertido en una isla de ladrones. Donde la norma no es el respeto a la integridad personal y de la propiedad ajena. Si no que el robo, el hurto, la apropiación ilegal, el abuso de confianza, la malversación de fondos o cualquier otro nombre que se pueda utilizar para llamar al arrebatar de alguna forma lo que no es de uno.
Ya sea por los medios de la violencia física o la violencia del mendigo es una meta común del puertorriqueño actual el robar lo que no sea ganado. Sea convertido en una norma el exigir como si fuera un derecho, algún reclamo sobre lo que no es de uno. Todo basado en un esotérico razonamiento de la efímera necesidad. Tengo la necesidad de ver la nueva película, sin pagar por ella… tengo la necesidad de una mejor sillón para ver la película, sin pagar por el…
El puertorriqueño se cree tener derecho sobre la propiedad de las demás personas. Se cree que tiene el derecho a tener lo que otros tienen. Pero, no reclama el derecho a trabajar, a esforzarse por estudiar y laborar para obtener la remuneración necesaria para poder adquiera los bienes que codicia. El trabajo y el esfuerzo no son fuente de orgullo.
Debería ser un orgullo el poder decir que puedo costearme lo que deseo. Pero el actual puertorriqueño promedio no siente orgullo de poder constarse sus arrebatos. Por el contrario, el puertorriqueño actual siente orgullo de decir, “le he robado a…” o “he obtenido gratis…”.
Así se invierten los valores. Donde la persona que es capaz de producir y pagar el justo precio por un producto es llamado un tonto (u otro epíteto en la línea de idiota o pendejo). Además de ser estigmatizado como pretencioso cuando este puede pagar por un lujo. Más aun es condenado cuando estima que no ha de compartir ese lujo que se ha ganado por sus esfuerzos.
La mayoría de los puertorriqueños no tienen dignidad. Una persona que tiene dignidad es la que puede decir compré o gané con mi esfuerzo… Una persona con dignidad trabaja por lo que tiene o desea… Una persona con dignidad no roba o mendiga. Si no que vive su realidad con su frente en alto sin lamentarse por su condición o justificar sus malas acciones. Porque está muy ocupado esforzándose por mejorar…