Imagine una existencia
en la cual se vive limitado a los confines de una silla de ruedas. Donde ni
siquiera se puede extender el brazo para tomar un vaso de agua cuando se tiene
sed; y la única forma de comunicación es mediante una máquina, y la mente
continua activa.
Imagine enfrentar la muerte
luego de una larga y dolorosa enfermedad. Aun así, se mantiene la convicción que
no importa cuánto se sufra, no habrá continuación al ser o la existencia; y que
no se recibirá alguna recompensa por soportar el dolor y sufrimiento.
Ante una vida de sufrimiento y
una muerte en dolor, ¿se podría mantener una creencia en la cual no hay
continuidad del ser o la existencia? Se mantendría la convicción de no tener la
“esperanza” que luego de la muerte habrá algún paraíso en el cual no haya
enfermedad o dolor y el placer y salud se mantenga por la eternidad; o, que no
hay una reencarnación o transmigración de la conciencia donde se pueda tener
una mejor “existencia” o una mejor oportunidad, y una vida mejor que la
anterior.
Todo creyente en alguna religión
que predica la trascendencia del ser y/o un “lugar mejor” luego de la muerte,
tiene que admirar la valentía de os ateos, agnósticos y otros no teístas.
Stephen Hawking ha expresado su visión
de la no intervención de un “dios” en la vida de los seres humanos. Afirmando
que la vida después de la muerte no existe y es tan solo creencia para las personas
que tiene miedo. Hawking es un de las mentes más privilegiadas de la historia. Sus
contribuciones a la ciencia perdurarán por los tiempos (hasta que suja en una
futura generación alguna mente tan privilegiada como la de él).
Esta convicción la mantiene a
pesar que padece una enfermedad degenerativa que lo ha inmovilizado y solo
puede vivir y comunicarse con la ayuda de la tecnología. Cuando Hawking muera
no habrá otro mundo, otra oportunidad, en la cual pueda existir sin la ayuda de
máquinas.
Christopher Hitchens murió luego
de una lucha contra el cáncer. Otros de las mentes privilegiadas de nuestra época
cuyas obras serán recordadas por siglos. Un erudito y escritor incansable. Continúo
trabajando hasta que su enfermedad no le permitió continuar. Hasta el último
momento de conciencia sostuvo que luego de la muerte nada existe. No habría dios
que le perdonara sus pecados y lo acogiera en su seno. No habría paraíso para
compensar por el dolor y sufrimiento en este mundo. Simplemente Christopher
Hitchens dejó de existir.
Inclusive, para evitar las
leyendas de una conversión en su lecho de muerte, advirtió que un Hitchens en
dolor agonizantes y bajo los efectos de narcóticos no sería él. Por lo cual
esas leyendas no deberían ser creídas.
Para sostener una visión de
mundo se requiere de mucho valor. Mas cuando esa visión de mundo no incluye una
recompensa por el sacrificio en un imaginado mundo eterio. Es muy bien aceptado
cuando irreflexivamente se alaban y admiran a los “mártires” que mueren por su religión;
o, aquellos que eligen e dolor y sufrimiento en el nombre de una religión o una
deidad.
Sin embargo, no reflexionamos
que en la muerte estos “mártires” no enfrentar un fin; que en el dolor y
sufrimiento ellos encuentran significado. Ya que estos “mártires” lo que están haciendo
en la muerte cambiar una existencia material por una etérea. Ese sufrimiento y
dolor es tan solo una inversión en una vida futura.
Este significado e intercambio
minimiza la importancia de ese “sacrificio”. Ya que se está obteniendo algo. Cuan
valiente se tiene que ser para enfrentar la muerte cuando se “sabe” que se ira
a un “mejor lugar”.
Lo cual no sucede con los ateos
y no teístas (y los agnósticos también). Ellos enfrentan la aniquilación del
ser y el fin de la existencia en el momento de la muerte. Ellos han renunciado
a darle significado místico al dolor y sufrimiento…
Es por esto que quienes merecen
la admiración y alabanzas son aquellos valientes que han decidido renunciar a
estas inverificables creencias. Quienes son capaces de mantener sus convicciones
en los momentos en que todo ser humano experimenta el mayor miedo y desesperación.