viernes, 3 de octubre de 2014

Going Galt: A 6 meses





Tardaron 6 meses en mostrar quienes verdaderamente son… me refiero a los supervisores y gerenciales de la compañía. Creo que esperaron tanto tiempo porque ya abemos muchos empleados que hemos acumulado beneficios… y en Puerto Rico los beneficios de los empelados implican costos (y hasta perdidas).

Tal vez sea igual en todas partes del mundo. China y la cuenca del Pacifico Oriental saltan a la mente. Si fuera posible los empresarios importarían esas leyes, pero no han cabildeado o comprado los votos legislativos suficientes como para poder hacerlo.

Así que esos técnicos de Recursos Humanos tienen que ser creativos y los supervisores de campo cómplices con los gerenciales para minimizar, evitar y/o desalentar el uso de esos beneficios.

Me di cuenta de esto por el alto número de colegas que venían a trabajar enfermos. En un principio no hice la conexión en ellos estar dispuestos a trabajar enfermos y alguna política institucional. Me di cuenta cuando me llamaron a reemplazar a un compañero… y me hicieron la historia de lo que sucedió el día anterior. Como estuvo enfermo la segunda mitad de su turno y el supervisor le ordenó terminarlo. Implícito quedo que si se iba perdería su trabajo.

Más, el próximo día no pudo trabajar y el supervisor le dijo que “perdería esas horas”, porque en esta compañía “no se acumula días de enfermedad”. Si te enfermas estas por tu cuenta. En retrospectiva esa actitud estaba allí y era evidente.

En cierta acción tenía que ir al médico, y el supervisor me asignó un turno que conflijia con mi cita médica. Puedo decir que el supervisor no protesto, me pidió un certificado médico por mi vista. A pesar que ya había acumulado días de enfermedad y tenía la documentación, no me pagaron el día. “Perdi las horas”.

Mi caso no es tan vulnerante como el de otro compañero. A quien se le llevó al punto del colapso físico y emocional. Cuando no pudo más lo castigaron con un traslado.

A él lo asignaron al Portón Principal. Por el alto volumen de tráfico vehicular y peatón, y otras responsabilidades administrativas, se requería de dos empleados. Para la mala suerte de ese compañero, el segundo empleado de ese puesto era el supervisor, quien estaba muy ocupado en su laptop con su trabajo administrativo como para ayudarlo a “correr el puesto”.

Luego de 6 meses de intensa labor ese compañero estaba exhibiendo síntomas del Síndrome de Quemazón. Tanto los físicos como los mentales y emocionales. Varias veces me dijo “estoy cansado”, “me duele el cuerpo”, “esto está fuerte”, “me tomo una pastilla antes de entrar”, “no duermo bien”… Aun así trataba de hacer lo mejor que podía, con el mayor entusiasmo que podía exprimir de su ser. Nadie en la compañía, en ningún momento, se lo agradeció.

Peor, ni el supervisor inmediato, quien lo veía todos los días; o el supervisor del supervisor que lo veía semanalmente, se dieron cuenta de la situación o no se quisieron dar cuenta de lo que le estaba sucediendo a ese empleado. Tal vez darse cuenta del daño que le estaba causando el ambiente laboral seria abrir una puerta peligrosa para la compañía. Tendrían que enviarlo a cuidados médicos adecuados, hacer acomodos razonables y eso le costaría dinero a la compañía. Sería mejor simular ignorancia.

Cuando el empleoado pidió que lo cambiaran de puesto a uno menos intenso, se le envió un par de días a un puesto tranquilo, de poco tráfico, sentado la mayor parte del tiempo en aire acondicionado. Eso no duro mucho. El supervisor eligió ese puesto para sí.

Alguien que no rinde lo esperado por lo gerenciales, por irreal que sea esa expectativa, tiene que ser coaccionado a que renuencia. Para así no darle los beneficios que haya acumulado.

Para cerrar… El trabajador fue enviado a un puesto lejos de su hogar. En horarios y puestos incomodos para su realidad. Tal vez al tener que viajar tan lejos se canse y renuncie…