Se ha puesto muy de moda que las figuras públicas, en especial de los políticos del país, invocar a sus familias como un elemento de disuasión para que la prensa deje de escudriñarlos. Dicen que hay que respetar a sus familias cuando se les increpa por alguna de sus acciones. Que el cuestionarlos es una acción que afecta psicológica y emocionalmente a sus familiares.
Este tipo de planteamiento merece toda la mofa que podamos invocar. Y no debe ser un factor al momento de confrontar a una persona pública o político del país. Lo primero que debemos pensar es, ‘a mí que me importa tu familia’. Quien decidió estar en la palestra de lo público fuiste tú, y conociendo cómo funciona la vida pública fuiste tú quien los incluyó en la vida pública. Fue tu decisión la que puso la salud psicológica y emocional de tu familia en la opinión pública.
Si tú no has sido lo suficientemente considerado con tu familia como para no tomar una vida pública. ¿Por qué entonces tenemos que prestarle la consideración que tú no le has dado a tu familia?
Peor aún, si no llevas una vida rectar, moral y dentro de la ley; si no tienes el cuidado de medir las palabras, posición y acciones para evitar ser un blanco; eres tu el responsable de traer atención a tu persona y por ende algún mal a tu familia.
Cuando una persona decide tomar la política como carrera y por ende entrar a la vida pública él sabe a lo que se esta ateniendo. Es la responsabilidad de esa persona consultar y advertir lo que implica la carrera que ha decidido tomar. Si su familia esta de acuerdo ellos ya han renunciado a la privacidad del ciudadano común. Por lo cual no pueden a conveniencia reclamar el derecho de consideración de la privacidad.
Es bueno ser familiar de un político para entrar a los internados legislativos, es bueno ser falimiliar para lograr un puesto en el gobierno o un jugoso contrato de consultoría. Pero no es bueno ser familiar de un político cuando este hace las cosas mal y la presa o el sistema de justicia se enteran.
Igual de ridículo es cuando un criminal es acusado, juzgado y sentenciado invoque a la familia como un atenuante para su acto criminal. El que cometió el acto criminal no pensó en su familia. De ninguna forma los tomó en consideración. ¿Por qué ahora los ha de invocar como un atenuante? Más aun, porque yo los tengo que tomar en consideración con tu no los tomaste en consideración antes de cometer una acción delictiva.
Debemos considerar que la familia es la unidad básica de socialización. La familia falló en una función civilizadora del animal humano. Así que si un miembro de su familia es un criminal, la familia es un factor contribuyente. ¿Por qué se tiene que premiar la incompetencia en su labor con consideraciones atenuantes al criminal que salió de su ceno?
Donde queda la familia de las personas que fueron afectadas por las acciones del criminal. Acaso los sentimientos de la familia del criminal valen más que los sentimientos de la víctima del acto criminal.
Así que cuando alguna figura pública o criminal invoque a su familia como protección tenemos que decirle de manera firme: A mí que me importa tu familia.