Uno
de los estándares de los pseudo intelectuales y personas que quieren dar la
impresión de que son importantes, inteligentes o eruditos es el uso de un
lenguaje técnico, rebuscado y deliberadamente complicado e incomprensible.
Ejemplos
de esto lo son el abogado que comienza a decir frases en latín, leyes y
precedentes sobre el caso que discute; el ingeniero que habla de “complejos”
cálculos matemáticos cuando describe su obra; y, un psicólogo habla de
complejas psicopatologías para decir que una persona está loca.
Mientras
más compleja sea la jerigonza cantinflesca, mas erudito se es la impostura
intelectual.
Lo
que tiene una reacción: la súper simplificación de los conceptos para que los
legos los puedan comprender. Lo cual comúnmente se le conoce en Puerto Rico
como “en arroz y habichuelas”. Este término, iniciativa, actitud, o como se le
quiera llamar, debe ser rechazado por el puertorriqueño “de a pié” (otro despreciable
termino).
Este
rechazo tiene que fundamentarse en que “en arroz y habichuelas” es a la ves condescendiente
al que escucha el mensaje y perezoso al que lo desea transmitir.
Se
es condescendiente por el hecho que se asume que el puertorriqueño promedio no
entendería lo que se le está explicando, si no se baja a un nivel tan elemental
que un niño de 3 años lo entendería. Se asume que el puertorriqueño es bruto. Se
es perezoso, porque las personas que intentan transmitir el mensaje no se
tienen que esforzarse en utilizar el lenguaje y conceptos correctos en transmitir el mensaje de forma adecuada.
Ni
el que recibe, ni el que transmite, el mensaje se tiene que esforzar en
entenderlo o hacerlo claro.
En
arroz y habichuelas es un insulto para el que recibe el mensaje y es aun acto
de mezquina superioridad para el que lo da.