domingo, 21 de agosto de 2011

Redefiniendo la Relación Estudiante/Profesor: El Negocio de la Educación


‘Money talks, bullshit walks’



La educación es un negocio. Sin dinero, ya sean becas, prestamos, subsidios, etc., no hay oportunidades educativas. La universidad se ha convertido en la compañía que sirve de intermediario que logra parear las necesidades y deseos de un cliente (e.i. estudiante) con la persona mejor preparada académica y profesionalmente (e.i. profesor) para proveer el servicio que satisfaga esas necesidades o deseos. La realidad es que el estudiante está pagando a la universidad por la transferencia de un conocimiento y una certificación de la obtención de ese conocimiento (e.i. diploma). Así, la universidad paga por el conocimiento y la experiencia que un profesional ha logrado acumular. De tal forma, por más que se proteste, la universidad es una entidad con fines de lucro y el profesor un empleado del estudiante.



Es por eso que se tiene que redefinir la relación estudiante/profesor. Porque en la actualidad no es la vocación de enseñar la que lleva a un profesional a entrar en el magisterio o la academia. Si no la necesidad económica de tener un sueldo estable o alguna remuneración extra para costear los caprichos.



Es tiempo pasado que se deje de pensar que un profesor está dictando una charla porque le sale del fondo de su caritativa alma. La realidad es que al profesor se le está pagado para hacer esa labor. Si a un profesor no se le paga este no ha de educar. Ser profesor universitario es un trabajo como cualquier otro. Y si somos francos la posición de profesor debería estar catalogada dentro de la industria de servicios.



Como estudiantes que pagamos por un servicio tenemos el derecho que exigir un servicio de calidad.



Un estudiante ya no tiene que someterse a los caprichos de un profesor. Ese profesor tiene que acomodarse a las necesidades de sus clientes. Tiene que cumplir con su deber de educar y transferir el conocimiento de manera eficaz. Allanándose a los estándares de evaluación justa y no arbitraria del estudiante y a las normas y reglamentos de la institución contratante.



Porque la realidad es, que los clientes son más importante que el empleado. Un empleado que no produce, que maltrata a un cliente o pone en peligro las ganancias de la compañía es terminado de sus funciones. Y un nuevo empleado es contratado en su lugar, para que se pueda rendir un servicio de calidad.



Además, nuestro dinero nos compra el derecho de exigir las condiciones bajo las cuales se ha de recibir ese servicio. Y cuando ese servicio no es provisto de una forma que satisfaga nuestras necesidades tenemos el pleno derecho de buscar un lugar donde nuestro dinero sea apreciado y respetado. Más aun, debemos enterar a la parte de la compañía que provee el servicio (e.i. los administrativos de la universidad) cuando el servicio no es de calidad y que perderán nuestro negocio si no rectifican la situación sin ningún tipo de perjuicio al estudiante.



Exigir el fiel cumplimiento de los derechos comprados por nuestro dinero no es ser un ‘problemático’ o ‘revoltoso’.



De este momento en adelante no se tiene que tolerar las rabietas, berrinches y excentricidades de los profesores. Hay que redefinir la relación de cliente/servidor de empleador/empleado porque es el dinero del estudiante la presente razón de que una universidad exista y un profesor de una clase. Sin el dinero del estudiante un profesor no estaría en el salón de clases, sin dinero del estudiante no habría un salón de clases.



Ahora que los profesores universitarios protesten… que digan que no son nuestros empleados, pero antes que dejen de cobrar un salario por dar clases…



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