jueves, 23 de diciembre de 2010

Me tienes que perdonar

Uno de los conceptos que hacen al cristianismo una de la filosofías místico-religiosas mas dañina para la convivencia en sociedad es su concepto del perdón.

El perdón para el cristiano proviene de un dios incognoscible. El cual habita en un plano diferente al de sus súbditos o sólo en sus mentes. Dentro del proceso de alcanzar el perdón los cristianos también la logran mediante intercesión de una deidad que lleva muerto más de dos mil años o de todo un panteón de dioses menores. Esta racionalización metafísica la podemos resumir con la frase, Perdón Divino.

Para obtener el perdón divino lo único que los cristianos tienen que hacer es arrepentirse de sus acciones ante su dios. Quien simplemente en su misericordia lo perdonará si su arrepentimiento es sincero. Para complicar el proceso del perdón divino, la religión cristiana y sus iglesias añaden la intervención humana.

Los dogmas de la iglesia cristiana estipulan que la confesión de los pecados debe ser ante otro ser humano. Ya sea en la privacidad de un confesional ante un sacerdote o públicamente ante una congregación. La admisión y profesión de una acción que causo daño a un dios o un ser humano es el principio del camino al perdón.

En la versión en que el perdón divino es buscado ante un dios, solo la creencia de absolución es necesaria. Cualquier indicio de sicronicidad u ofuscación psicótica puede ser interpretado como mensaje de que una deidad lo ha perdonado. Además, es casi un axioma cristiano que mediante el arrepentimiento y la búsqueda del perdón divino, dios absuelve de culpa. Dicho de manera simple la persona se perdona así mismo por las transgresiones que haya cometido.

Por su parte en la versión que el perdón divino se busca entre los seres humanos, es decir a través los representantes de una deidad en el campo de lo material, el perdón se logra mediante una admisión de culpa, profesar arrepentimiento y un acto de contrición. Los primeros dos elementos dependen de la persona transgresora, el tercer elemento depende de los representantes de una deidad.

De manera estándar, cuando se sale de la privacidad de confesional el sacerdote prescribe cierta cantidad de oraciones o rezos. Los cuales, si entendemos la mecánica es el repetir una serie de palabras (la cantidad la determina el tipo de ofensa). En la práctica lo único que logra es tomarle tiempo a la persona y mantenerlo ocupado para evitar que siga haciendo daño.

Cuando se busca el perdón divino por la intercesión de una congregación lo que se hace es admitir públicamente una ofensa. Lo que se logra es tener un grupo de apoyo o de castigo. El sistema que se promueve en este tipo de búsqueda del perdón es la humillación de la persona ante sus pares. Dejando el asunto de la transgresión cometido entre la familia cristina.

¿En que falla todo esto? ¿Que lo hace una actitud dañina a la vida en comunidad? El perdón divino le quita la responsabilidad al actor de las acciones, no le permite enfrentar las consecuencias de sus acciones y no toma en consideración a las víctimas de las acciones del cristiano.

Principalmente, en ningún momento se estipula que se tiene que hacer restitución por el daño causado. Ni siquiera se estipula el tener que darle una disculpa contra quien se ha causado daño. Desde el punto de vista del cristiano, porque se ha de buscar el perdón de la victima de las acciones dañinas si un dios, un sacerdote o una congregación me han de perdonar por las mismas. De tal manera se le permite escapar a los resultados de sus acciones en sociedad. La concordia con otros miembros de la sociedad toma un segundo plano ya que un dios y el mundo mejor que ha prometido después de la muerte es lo verdaderamente importante. Además, si los infieles tienen suerte el dios de los cristianos ha de recompensar a las víctimas del daño causado por ellos en el otro mundo.

Otro aspecto a considerar es el complejo de mártires que tienen los cristianos. El cual les permite el asumir una visión derrotista ante sus propias acciones. Estos no son responsables de sus acciones, al contrario son las víctimas de las mismas. Por lo cual merecen compasión, comprensión y salvación. Así la victima de las acciones de los cristianos es sacrificada por los pecados de los pecados del cristiano. Así ellos siguen el ejemplo de Cristo, no sacrificándose ellos, pero sacrificando a otros por su salvación.

Eso logra que se transfiera la responsabilidad de la acción propia a otros. Si el cristiano hace daño no importa ya que se le tiene que perdonar. Donde si las personas que están a su alrededor son verdaderamente buenas (a pesar de no ser cristianos) y dignas de mi consideración, perdonaran el daño causado. Que no nos sorprenda los altos niveles de conversión al cristianismo de los criminales convictos. Estos buscan el perdón como medio de liberarse del castigo por sus acciones.

Si la victima de las acciones del cristiano no le perdona, esto es prueba de su mala calidad como ser humano, por lo cual no merece ninguna consideración. Claro que en la torcidamente mente del cristiano, en ningún momento se ha considerado que si verdaderamente un cristiano fuera una buena persona se esforzarían en no hacer daño en vez de obligar a victimas a perdonarlo.

Si este concepto se limitara a comunas separadas del resto de humanidad no sería algo tan malo. Lo que hace malo esta interacción es que los cristianos imponen su concepto del perdón a aquellos que no son cristianos. Donde muy convenientemente se crea una expectativa del perdón por las transgresiones que los cristianos hacen contra otros. Inclusive en su hipocresía los cristianos perdonan a los que no los perdonan.

A los cristianos no se les puede perdonar por sus acciones. Que ellos pretendan ser perdonados por sus acciones que transgreden la vida en sociedad es un uso de la religión para obtener ventajas que a otros no se le permitirían. La búsqueda del perdón por el cristiano es tan solo un remedio a su irresponsabilidad. Como no estuvo consciente de sus acciones o de sus consecuencias o simplemente no le impartió ahora tiene que pedir perdón. Como sea aquellos que hacen daño por acciones, negligencia u omisión no merecen el perdón. El arrepentimiento por si solo ‘no le devuelve la vida a la víctima del asesino’.

Cuando alguien haga un daño este tiene que ser castigado, no por un ausente ser, o en un imaginario purgatorio o inferno, si no que en las instituciones sociales que se han establecido para estos fines. Los daños tienen que ser rectificados y la propiedad dañada tiene que ser restaurada. El perdón divino no restaura mágicamente lo dañado como los cristianos en sus alucinaciones colectivas creen.

Si los cristianos quieren el perdón y absolución sin un acto concreto de restauración o castigo que le recen a su amigo imaginario. Hay que dejarlos en su psicosis colectiva… solo remuévanlos de la vida en la sociedad.