miércoles, 5 de enero de 2011

Se terminó la navidad… gracias a dios


Por fin han terminado las navidades, y no podría estar más contento. Por un lado ya no tengo que continuar aguantando las visitas de familiares impertinentes que sólo visitan durante diciembre y enero en busca de comida y alcohol gratis. Los cuales le crean una expectativa a sus niños de que han de recibir un regalo si me visitan. Todo a pesar que saben que no soy cristiano, no celebro la navidad y mucho menos que no he caído en la tontería consumista de comprar por el mero hecho de comprar.

Poniendo a un lado lo molesto e ilógico del pretender que alguien que no es cristiano este alegre y contento por la celebración del natalicio de uno de los personajes históricos que más ha contribuido a la división de la humanidad, lo que me alegra es que ya no tengo que seguir soportando los saludos navideños.

Se terminaron los ‘felicidades’ y los ‘feliz navidad’, o alguna otra frase como esa. Porque lo molesto no es que me lo digan, si no que esperan que les constes de la misma manera. Si no satisfago su expectativa se ofenden, y si les contesto algo en la línea de ‘feliz Hanukah’ o ‘feliz solsticio’ se indignan.

Esto es evidencia de que los cristianos son tan egocentristas que sólo aceptan sus creencias y costumbres. Mientras que imponen las suyas a otros mediante cualquier método posible. Pretendiendo que los no cristianos las acepten, sin aceptar o respetar las creencias y costumbres de otros.

En la mente del cristiano el respeto es únicamente para ellos y sus costumbres.

La expectativa es que tengo que respetar sus creencias y costumbres durante la navidad (y el resto del año), pero ellos no tienen que respetar las mías. Por eso no les reciproco el saludo cristiano, aunque piensen que soy un malcriado, ya me canse de ser amable y respetuoso con quienes no lo son conmigo.

Así que gracias a dios que ya terminaron las navidades…

Pd. La única felicitación que acepto con mucho gusto y la reciproco es “Prospero Año Nuevo”, aunque ligado a la idea de la era y el pasar del tiempo cristiano, es la expresión del sincero deseo de bienestar para otra persona independientemente de sus creencias.